Uno a uno fueron cayendo los humanos, bastaba un golpe seco con un garrote, para que queden inanimados para siempre. La frialdad de los Hombard (nombre de la raza de las criaturas) fue abrumadora. No pudimos hacer nada para cambiarlo, pero tampoco sentimos miedo…
Buscamos a los que quedaban aun en pie, en total éramos 11. Juntos buscamos la salida del laberinto…. Doblamos a la izquierda corrimos, de nuevo a la izquierda, nos metimos en un baño salimos por su puerta lateral, encontramos a 2 personas mas, comentamos la situación y continuamos corriendo derecho por un pasillo doblamos a la derecha, había un Hombard pero nos dejo pasar, nos trabamos varias veces pero por fin llegamos al final… fue entonces que una luz blanca encandeció nuestra vista… todos se quedaron quietos, aun estando juntos, la soledad se podía sentir… Las lagrimas comenzaron a caer, menos las mías, nadie entendía realmente porque… Hora de despertar...



